El vuelo del mantón

“El vuelo del mantón” es una serie dedicada a Sevilla, ciudad de bullicio y alegría, tan llena siempre de vida y, durante un tiempo, enmudecida por las circunstancias.


No se abrió, entonces, el arcón de abalorios donde hibernan mantones, flores y peinetas que, impacientes, esperan las manos ansiosas que vienen todos los años a por ellos. Pero este año nadie acude. Dentro hay un mantón especial, valiente y atrevido, que decide no esperar y salir a Sevilla en busca de su dueña. En la Calle Vida unas palomas levantan el vuelo asustadas. El mantón vuela confiado en busca de los hombros ausentes. Surca la ciudad, encontrando a su paso vacío y silencio. Sevilla está desierta. De la Plaza de Doña Elvira vuela hacia un bar. Al menos allí alguien habrá. Nadie, el mismo vacío, el mismo silencio que se extiende por toda la capital. ¿Qué ocurre en Sevilla? ¿Dónde está su gente? 

 

El mantón vuela y vuela, deseando oír el eco lejano de las guitarras y de los cantes en las carpas, pero sólo escucha el leve susurro de sus flecos al viento. Aletea hacia la Giralda tan acompañada siempre. ¡Nadie esta vez! Se acerca hacia la Plaza de la Maestranza y no oye pasodobles ni clamores. Entra por la Puerta del Príncipe, sobrevuela el ruedo, el callejón y las gradas. ¡Nadie! ¿Dónde están los valientes? ¿Dónde los aplausos y los pañuelos blancos del público entregado? 

 

Desolado, sale de la plaza camino del Real Alcázar. Recorre el Palacio, sus salones, patios y jardines. ¡Nadie! Desde el Alcázar, perdiendo fuerzas y esperanza, vuela en un último intento a la calle Judería. Al entrar en un solitario Patio de Banderas con la Giralda que asoma, queda fascinado y detiene en seco su trayecto. Llama al número doce, quizá haya alguien en casa… Nadie, sólo el silencio lo recibe. 

 

En un último aliento se acerca a los naranjos. Al menos el azahar, esencia de Sevilla, le recordará la alegría desaparecida que tanto añora. Allí, agotado, se posa en el suelo. Inmóvil, espera el despertar de la ciudad. Sabe que pronto unas manos amigas lo vendrán a buscar.